En un negocio hay que tener en cuenta tanto los problemas actuales como los que puedan aparecer en el futuro. Contamos con todo tipo de metodologías que nos ayudan en el día a día, y hoy queremos hablarte del modelo de los 3 horizontes: qué es y cómo puede ayudarte en tu planificación estratégica teniendo en cuenta el negocio actual, las oportunidades que comienzan a desarrollarse y las ideas que podrían convertirse en nuevas fuentes de crecimiento a largo plazo.
Qué es el modelo de los tres horizontes
El modelo de los tres horizontes es un marco de planificación estratégica que permite distribuir los esfuerzos de una empresa entre el presente y el futuro. Fue popularizado por la consultora McKinsey y se basa en que un negocio no puede limitarse a explotar aquello que ya le funciona, pero tampoco debe descuidar su actividad principal para perseguir proyectos demasiado inciertos.
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Este modelo ayuda a evitar el desequilibrio que se provoca cuando las necesidades más urgentes consumen todos los recursos y dejan en segundo plano la innovación.
Para evitar estos extremos, divide las iniciativas de la empresa en tres horizontes temporales. Cada uno representa un grado distinto de madurez, riesgo y cercanía con el negocio actual. De esta forma, es más sencillo decidir qué proyectos necesitan inversión, cuáles deben consolidarse y qué propuestas todavía tienen que ser exploradas.
Los tres horizontes no representan únicamente periodos de tiempo cerrados. Se trata, sobre todo, de diferentes etapas de desarrollo. Por ejemplo, una iniciativa puede avanzar de un horizonte a otro a medida que demuestra su viabilidad, consigue clientes y empieza a generar ingresos.
La principal ventaja de este modelo es que obliga a mirar más allá de los resultados inmediatos y buscar nuevas formas de potenciar tus ventas.
El primer horizonte: proteger y mejorar el negocio actual
El primer horizonte incluye las actividades que sostienen la empresa en este momento: productos y servicios consolidados, clientes habituales, canales de venta que ya funcionan y procesos que generan la mayor parte de los ingresos.
El objetivo en esta fase es mantener la competitividad y mejorar el rendimiento del negocio principal. Una empresa puede hacerlo optimizando sus procesos, reduciendo gastos innecesarios, perfeccionando la atención al cliente o incorporando pequeñas mejoras a sus productos.
Por ejemplo, una tienda online podría revisar su proceso de compra para reducir el número de abandonos, mejorar la velocidad de su página web o ampliar las formas de pago disponibles. Son iniciativas que no modifican por completo el modelo de negocio, pero sí ayudan a proteger sus ingresos y reforzar su posición en el mercado.
El segundo horizonte: desarrollar nuevas oportunidades
El segundo horizonte reúne aquellas iniciativas que ya han superado la fase de idea, pero todavía no tienen el peso suficiente para convertirse en una actividad principal. Son proyectos con cierto potencial comercial que necesitan inversión, tiempo y seguimiento para crecer.
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En este punto, una empresa puede probar nuevos canales de venta, entrar en otros mercados, ampliar su catálogo o adaptar un servicio para llegar a un público diferente. Existe una relación con el negocio actual, aunque también aparecen nuevas necesidades y un mayor nivel de incertidumbre.
Volviendo al ejemplo de modelo de los tres horizontes, la tienda online mencionada en el primer horizonte quiere ampliar su gama de productos con dos gadgets que cree que pueden venderse muy bien.
La empresa ya conoce el sector y cuenta con las infraestructuras para implementar este nuevo producto, pero tiene que desarrollar una campaña de marketing, adaptar los contenidos y captar a nuevos clientes. Este segundo horizonte podría convertirse en una fuente relevante de ingresos, aunque todavía debe demostrar que funciona.
El tercer horizonte: explorar las ideas del futuro
El tercer horizonte engloba las ideas más innovadoras y experimentales. Son oportunidades que podrían transformar la empresa en el futuro, aunque todavía existe mucha incertidumbre sobre su viabilidad técnica, comercial o financiera.
Aquí pueden encontrarse nuevos modelos de negocio, tecnologías emergentes, productos completamente diferentes o soluciones pensadas para necesidades que todavía no están plenamente desarrolladas. Su objetivo inicial no es generar beneficios, sino aprender y comprobar si existe una oportunidad real.
Volviendo a la tienda del ejemplo anterior, han visto que pueden implementar un agente de IA que les ayude a reducir los tiempos de espera cuando los clientes preguntan cualquier cosa. Pero es un sistema que si sale mal (por ejemplo, el modelo hace respuestas aleatorias) puede causar muchos problemas, por lo que la empresa la empieza a testear poco a poco, dentro de un entorno seguro.
Las iniciativas del tercer horizonte necesitan recursos limitados, equipos capaces de experimentar y una cultura que acepte el aprendizaje derivado de los errores. Y, cuando una idea demuestra que existe una necesidad, que puede desarrollarse y que despierta interés comercial, empieza a avanzar hacia el segundo horizonte. Más adelante, si consigue consolidarse y generar ingresos de forma estable, podría integrarse en el primer horizonte.
Cómo aplicar el modelo de los tres horizontes en una empresa
Para aplicar el modelo de los tres horizontes en tu negocio, lo primero que debes hacer es analizar los proyectos que ya tienes en marcha para identificar cuáles están relacionados con la actividad principal, cuáles representan oportunidades de crecimiento y cuáles se encuentran todavía en una etapa experimental.
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Esta clasificación permite comprobar si existe un equilibrio adecuado. La distribución concreta dependerá del sector, del tamaño del negocio y de su situación financiera. Ten en cuenta que una empresa consolidada puede permitirse invertir más en innovación, mientras que un pequeño negocio con problemas de liquidez tendrá que proteger primero su fuente principal de ingresos.
Después, asigna objetivos diferentes a cada horizonte. En el primero se pueden utilizar indicadores como las ventas, la rentabilidad, la productividad o la fidelización. En el segundo conviene analizar la captación de clientes, el crecimiento de los ingresos o la aceptación de la nueva propuesta. En el tercero resultan más útiles métricas relacionadas con el aprendizaje, la validación de hipótesis o el interés mostrado por el mercado.
Por último, revisa de forma periódica tus tres horizontes para adaptarlos a la situación. Puede que una idea del segundo horizonte ya pueda pasar al primero, o que un proyecto del tercer horizonte se tenga que desechar porque no hay una tecnología lo suficientemente madura para ello.
En MASMOVIL Negocios esperamos que te haya resultado útil descubrir qué es el modelo de los tres horizontes y cómo puede mejorar la planificación estratégica de tu empresa para combinar los resultados actuales con nuevas oportunidades de crecimiento.