Tomar decisiones forma parte del día a día de cualquier negocio: elegir una estrategia, contratar a una persona, aprobar una inversión… Y hay una serie de trabas mentales que debes saltar; una de las más importantes es el sesgo de autoridad. En este post te contamos qué es y cómo evitarlo.

Qué es el sesgo de autoridad

El sesgo de autoridad es la tendencia a conceder más credibilidad a las ideas, afirmaciones o decisiones de una persona porque ocupa una posición reconocida: un alto directivo, un experto, un consultor, una figura pública o incluso alguien que se expresa con mucha seguridad.

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La experiencia y los conocimientos especializados son valiosos, ya que escuchar a personas que dominan una materia nos ayuda a comprender situaciones complejas y a tomar decisiones mejor fundamentadas. Pero tener autoridad en un ámbito o campo en particular no significa estar siempre en lo cierto, ni convierte una opinión en un hecho indiscutible.

El peligro de los sesgos es que se activan de forma inconsciente. Cuando una persona tiene un cargo importante, ha trabajado para una empresa conocida o cuenta con una larga trayectoria profesional, tendemos a cuestionar menos sus palabras. También podemos asumir que sabe más de lo que realmente sabe, incluso cuando habla de asuntos que se encuentran fuera de su especialidad.

Y en una empresa, esta forma de pensar puede provocar muchos problemas, como que las propuestas de la dirección se acepten sin suficiente análisis o que un equipo siga las recomendaciones de un consultor externo aunque los datos internos indiquen que no son adecuadas para el negocio.

Por último, pero no menos importante: no siempre va aparejado al miedo. Cualquier profesional asumirá que el responsable dispone de información que él/ella desconoce o que su experiencia le permite comprender mejor la situación.

Cómo evitar el sesgo de autoridad al tomar decisiones

Desactivar el sesgo de autoridad no implica desconfiar de todos los expertos ni ignorar la experiencia de los responsables.

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Sencillamente debes crear un proceso en el que las ideas se valoren por su contenido, sus evidencias y su adecuación al negocio. Una medida útil consiste en pedir que cada propuesta se acompañe de datos verificables. De esta manera, podrás conocer qué problema se quiere resolver, qué resultados se esperan, qué riesgos existen y cómo se medirá el éxito.

También es recomendable separar, en la medida de lo posible, la idea de la persona que la presenta. Una propuesta no debería aceptarse automáticamente porque procede del director general, pero tampoco rechazarse porque la plantea alguien que acaba de incorporarse a la empresa. Y es que uno de los grandes peligros del sesgo de la autoridad es justo eso: que tu jefe haga una propuesta sin mucho sentido, pero que por ser el jefe se acepte.

Para evitarlo, deja que la persona con mayor autoridad pueda expresar su opinión después de escuchar al resto. De este modo, los participantes tienen más libertad para plantear sus puntos de vista sin intentar adaptarlos a la postura del responsable.

Otra opción es solicitar valoraciones individuales antes de abrir el debate. Cada miembro del equipo puede escribir brevemente qué decisión tomaría y por qué, para conocer diferentes opiniones al respecto.

En resumen, antes de tomar una decisión, pregúntate si se mantendría la misma opinión en caso de que la propuesta procediera de otra persona. Si la respuesta es negativa, es posible que el cargo, el prestigio o la seguridad del interlocutor estén influyendo más de lo debido.

En MASMOVIL Negocios esperamos que te haya resultado útil descubrir qué es el sesgo de autoridad y cómo evitarlo para tomar decisiones más razonadas, escuchar a todo el equipo y reducir el riesgo de seguir recomendaciones poco adecuadas.

Y tú, ¿conocías este concepto?