Cuando arrancas un negocio, debes de pensar en las herramientas con las que querrás contar. Por ejemplo, si quieres llevar tus redes sociales mejor que nunca, hay servicios que te ayudarán. Pero, ¿qué pasa cuando utilizamos herramientas o procesos demasiado complejos? Que entra la Ley de Gall, un principio formulado hace más de medio siglo pero que sigue teniendo mucho sentido a día de hoy.
Así que vamos a explicarte todo lo que debes saber sobre la Ley de Gall para que puedas aprovechar este principio en tu negocio y evitar una saturación de herramientas.
Qué es la Ley de Gall
La Ley de Gall debe su nombre a John Gall, pediatra, escritor y estudioso de los sistemas que en 1975 publicó General Systemantics, obra que más adelante pasaría a conocerse como Systemantics y, posteriormente, The Systems Bible.
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Su planteamiento principal puede resumirse en que los sistemas complejos que funcionan suelen haber evolucionado a partir de sistemas más simples que ya funcionaban. Por el contrario, intentar diseñar desde cero un sistema extremadamente complejo aumenta considerablemente las posibilidades de que algo salga mal.
Es importante entender bien este concepto, porque la Ley de Gall no dice que la complejidad sea siempre mala. Por ejemplo, un negocio puede necesitar procesos complejos, decenas de trabajadores, herramientas avanzadas o una infraestructura tecnológica enorme para funcionar correctamente.
Pero la Ley de Gall plantea un problema relacionado con que dicha complejidad debería aparecer de forma progresiva. Es decir, primero deberías construir una base sencilla que funcione, comprobar que realmente resuelve el problema que pretendías solucionar y, a partir de ahí, ir añadiendo nuevas capas según sean necesarias.
De hecho, esta idea tiene bastante relación con muchas metodologías actuales de desarrollo empresarial y tecnológico. Conceptos como el producto mínimo viable o MVP, o determinadas metodologías ágiles parten precisamente de una filosofía similar: crear algo funcional, ponerlo a prueba en condiciones reales y mejorarlo progresivamente.
Cómo puedes aplicar la Ley de Gall en tu negocio
Aplicar la Ley de Gall no debe traducirse en renunciar a tener grandes ambiciones para tu empresa, sino lo contrario. La idea es alcanzar esos objetivos reduciendo riesgos y evitando construir desde el principio una estructura mucho más grande de lo que realmente necesitas.
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Supongamos, por ejemplo de Ley de Gall, que quieres lanzar una nueva tienda online. Podrías invertir desde el primer momento en desarrollar una plataforma completamente personalizada, crear diferentes almacenes, integrar múltiples sistemas logísticos, contratar un amplio equipo de atención al cliente y automatizar decenas de procesos.
El problema es que todavía no sabes si existe suficiente demanda para los productos que vas a vender, cuáles serán los artículos más populares o qué necesidades tendrán realmente tus clientes.
Aplicando la Ley de Gall, probablemente tendría más sentido empezar con una tienda mucho más sencilla que permita realizar las funciones básicas: mostrar tus productos, aceptar pedidos y gestionar los pagos. Una vez que compruebes que el modelo funciona, podrás ampliar progresivamente sus posibilidades.
Algo parecido sucede con los procesos internos de una empresa. Muchas veces intentamos solucionar un problema implantando herramientas extremadamente complejas cuando quizá todavía no tenemos claro cuál es exactamente el problema que queremos solucionar.
Así que antes de contratar una plataforma empresarial con decenas de funciones puede ser mucho más efectivo definir primero un proceso sencillo y comprobar si realmente funciona. Cuando aparezcan nuevas necesidades podrás buscar herramientas adicionales o automatizar determinadas tareas.
En resumen, aplicar la Ley de Gall en tu negocio es tan sencillo como buscar y comenzar con herramientas simples pero efectivas antes de plantearse dar un salto a un sistema más complejo.
Desde MASMOVIL Negocios esperamos haberte ayudado a entender qué es la Ley de Gall y cómo puedes aplicar sus principios para desarrollar procesos y proyectos de forma progresiva, reduciendo riesgos y evitando una complejidad innecesaria en tu negocio.