A día de hoy hay quien sigue creyendo que quien más horas trabaja más resultados consigue. Sin embargo, la realidad es que existe un punto en el que el esfuerzo deja de ser productivo y empieza a jugar en nuestra contra. Este fenómeno tiene nombre propio y se conoce como la ley de Illich, un concepto que cualquier emprendedor debería entender si quiere construir un negocio sostenible y, sobre todo, si quiere cuidar su rendimiento a largo plazo.

Qué es la Ley de Illich aplicada a los negocios

La Ley de Illich explica que, a partir de cierto número de horas de trabajo continuado, nuestra productividad disminuye de forma notable. De esta manera, además de que dejamos de rendir mejor, cada hora adicional aporta menos valor que la anterior. Y lo más interesante es que este límite aparece mucho antes de lo que solemos pensar.

gestión de la ciberseguridad
Imagen libre de derechos (Unsplash)

También te puede interesar: Time Blocking, una metodología perfecta para tus proyectos

Ivan Illich, el pensador que dio nombre a esta ley, observó que en muchas profesiones intelectuales el rendimiento óptimo suele situarse en torno a las seis horas diarias de trabajo realmente concentrado.

A partir de ahí, el cansancio mental, la pérdida de atención y la disminución de la capacidad de análisis empiezan a pasar factura. Lo curioso es que, aunque la evidencia es clara, seguimos empeñados en jornadas maratonianas creyendo que así avanzaremos más rápido.

Solo hace falta dar un vistazo al ecosistema del emprendedor medio, donde los fundadores de un negocio o startup suelen trabajan doce o catorce horas diarias, equipos que confunden estar ocupados con ser productivos y profesionales que sienten culpa cuando descansan.

El problema es que este modelo no mejora los resultados y, por si no fuera suficiente, también aumenta la probabilidad de cometer errores estratégicos, tomar decisiones precipitadas o perder creatividad, un recurso clave en cualquier proyecto empresarial.

¿Por qué se produce esta pérdida de rendimiento?

Sencillo: el cerebro humano necesita alternar periodos de alta concentración con descansos para poder mantener un rendimiento óptimo.

captar más clientes
Imagen libre de derechos (Unsplash)

También te puede interesar: Qué es el método monje para concentrarte cuando teletrabajas

Cuando ignoramos esta necesidad, entramos en una dinámica de esfuerzo decreciente. Seguimos delante del ordenador o del portátil, pero nuestra capacidad de resolver problemas, generar ideas o detectar oportunidades se reduce de forma progresiva.

Además, existe otro factor que muchas veces se pasa por alto: el coste de oportunidad del agotamiento. Un emprendedor fatigado también pierde perspectiva. Le cuesta más priorizar, delegar o identificar qué tareas realmente mueven la aguja del negocio.

Si has trabajado jornadas maratonianas, habrás vivido esa sensación de no dar más, de estar tan agotado mentalmente que tardas el doble, el triple o más de tiempo en cerrar una tarea. En consecuencia, termina dedicando tiempo a actividades de bajo impacto mientras descuida decisiones que sí podrían marcar la diferencia.

No se trata de trabajar menos, sino mejor. Para ello, hay que optimizar los periodos de alto rendimiento y protegerlos de interrupciones innecesarias. Además, te invitamos a conocer las mejores metodologías para aprovechar al máximo tu capacidad.

Desde MASMOVIL Negocios esperamos que te haya resultado interesante comprender este fenómeno y por qué no puedes trabajar demasiadas horas seguidas sin que tu productividad se resienta.

Y tú, ¿conocías este fenómeno?