Hay extensa literatura acerca de la toma de decisiones a la hora de dirigir las operaciones de un negocio. Si buscas una metodología perfecta para todo tipo de situaciones y contextos, no te pierdas este análisis sobre el pensamiento de segundo orden aplicado a empresas.
Qué es el pensamiento de segundo orden
Muchas decisiones parecen positivas al principio, pero traen consecuencias negativas después. También ocurre lo contrario: algunas medidas difíciles, impopulares o poco atractivas a corto plazo pueden ser las que salvan la rentabilidad. Entonces ¿cómo tomar la mejor decisión? Existe una estrategia que permite no quedarse solo con la consecuencia inmediata de una decisión, sino preguntarse qué puede pasar después.
El pensamiento de primer orden es por tanto la respuesta a la pregunta “¿Qué pasa justo después de tomar esta decisión?”. Por ejemplo, si una empresa baja precios, la primera consecuencia puede ser vender más. Y lo que pregunta es: “¿Qué pasará después de esa primera consecuencia?”
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En el mismo ejemplo, bajar precios puede atraer más clientes, pero también puede reducir márgenes, obligar a vender mucho más para ganar lo mismo, deteriorar la percepción de marca o iniciar una guerra de precios con la competencia. Como ves, lo que parecía una solución rápida puede convertirse en un problema más grande.
Si tienes en cuenta el pensamiento de segundo orden, podrás tomar decisiones mucho más informadas con la ventaja de que obliga a mirar el impacto real de una decisión en el tiempo. No hay que pensar en negativo ni volverse excesivamente prudente, sino ampliar el campo de visión. Para ello debes tener muy en cuenta que cualquier decisión empresarial está interconectada. Todo tipo de cambio puede afectar a clientes, empleados, proveedores, caja, reputación, procesos internos y capacidad de crecimiento.
Ejemplo de pensamiento de segundo orden
Supongamos que una empresa decide contratar a más personal porque el equipo actual está saturado.
A primera vista parece una buena medida, ya que al aumentar el personal, la carga de trabajo se reducirá, aliviando la situación actual. Pero un análisis de segundo orden llevaría a hacer otras preguntas: ¿hay procesos claros para incorporar a esas personas? ¿La empresa puede asumir el coste fijo si baja la demanda? ¿El problema es realmente falta de personal o una mala organización del trabajo? ¿Se necesita contratar o automatizar algunas tareas?
Es posible que tras revisar todos estos elementos veas que la única opción viable es realizar nuevas contrataciones. Pero también es posible que veas que no hay presupuesto para ello, o que el problema era una falta de organización efectiva que redujera la carga de trabajo. En resumen, al aplicar el pensamiento de segundo orden, elegiremos siempre la opción más sólida, no la más cómoda.
Cómo aplicar el pensamiento de segundo orden en tu negocio
Lo primero es detenerse ante cualquier decisión importante y separar el beneficio inmediato de sus posibles efectos posteriores.
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Por ejemplo, lanzar una promoción agresiva puede aumentar las ventas esta semana. Pero después habría que analizar si esos clientes volverán a comprar sin descuento, si el equipo podrá atender bien el aumento de pedidos y si la promoción puede acostumbrar al mercado a esperar siempre una rebaja.
En decisiones financieras, ten en cuenta que pedir financiación puede permitir invertir, crecer o ganar liquidez a corto plazo. Pero también puede generar presión sobre la caja, limitar futuras decisiones o hacer que la empresa dependa demasiado de previsiones optimistas. Valora todas las opciones si estás sopesando movimientos de esta índole.
En MASMOVIL Negocios esperamos que te haya resultado útil descubrir qué es el pensamiento de segundo orden aplicado a empresas y cómo puede ayudarte a tomar mejores decisiones. Esta estrategia ayuda a priorizar ya que en un negocio siempre hay más ideas que tiempo, y si eres capaz de pensar a medio plazo, podrás distinguir entre lo urgente y lo importante.