¿Cómo influye la temperatura del ambiente en la productividad?

¿Cómo influye la temperatura del ambiente en la productividad?

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Se ha pensado tradicionalmente que, para aumentar la productividad de una plantilla, existe una temperatura concreta. Pero durante los últimos años distintos estudios, como los recientemente llevados a cabo por la Universidad de Maastrich, han puesto de relieve la importancia de apostar por una climatización dinámica.

¿Qué significa esto? ¿Cómo se consigue? En MASMÓVIL Negocios despejamos falsas creencias en torno a la temperatura ideal en el trabajo, y exponemos los principales beneficios que puede reportar un buen uso de este factor.

Sí, la tecnología y el talento humano pueden ser determinantes, pero la temperatura en el lugar del trabajo también juega un papel considerable en la productividad de los empleados a través de una oficina confortable.

Temperatura en el trabajo

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Atiende a la normativa y a las estaciones

Existe normativa legal en España que marca ciertas disposiciones mínimas a cumplir. El Instituto Nacional de Seguridad de Higiene en el Trabajo (INSTH) posee una guía para aplicar el Real Decreto 486/1997; un documento en el que se reflejan cifras y consideraciones a tener en cuenta para no rebasar la temperatura máxima permitida en el trabajo dependiendo de la época del año.

  • Verano: entre 23ºC y 26ºC, con una humedad relativa del aire entre el 30% y el 70% (en caso de existir aire acondicionado no debe bajar del 50%). La velocidad del aire no debe superar los 0,1 metros por segundo.
  • Invierno: entre 20ºC y 24ºC con una humedad relativa del aire entre el 30% y el 70%. La velocidad del aire no debe superar los 0,1 metros por segundo, incluso si este es caliente, pues afecta a la sensación térmica.

Dejando de lado el INSHT, también sirve de referencia legal lo estipulado en el Decreto 107/2007, que refleja los valores manejados por el Reglamento de Instalaciones Térmicas en Edificios (RITE), y respaldados por la ley de prevención de riesgos laborales. Son cifras similares, pero no idénticas.

  • Verano: entre 23ºC y 25ºC, con una humedad relativa del aire de entre el 45% y el 60%, y una velocidad del aire menor a 0,2 metros por segundo.
  • Invierno: entre 21ºC y 23ºC, con una humedad relativa del aire entre el 40% y el 50%, y una velocidad del aire menor a 0,2 metros por segundo.

 

Los excesos son malos

Crear un entorno de trabajo muy frío es casi igual de perjudicial que convertir la oficina en un horno. Estos efectos se suelen agravar durante las épocas más calurosas y frías del año, pero se pueden contemplar en casi cualquier estación.

Los efectos de los excesos de temperatura en el trabajo están ampliamente estudiados, y sus efectos sobre la productividad también.

El estrés térmico es la sensación de malestar que se siente al estar expuesto durante mucho tiempo a temperaturas elevadas. El calor, no obstante, también puede derivar en casos de síncopes, deshidratación, agotamientos y golpes de calor (si la temperatura interna del individuo supera los 40,5ºC).

Todo ello lleva a un inevitable descenso de rendimiento por parte del trabajador. Según expertos, la caída de la temperatura en 5ºC provoca una disminución en la productividad equivalente a un incremento del 10% en los costes laborales por empleado.

Es importante tener en cuenta que mientras un hombre se encuentra cómodo a 21ºC de temperatura —hablando del aire acondicionado—, una mujer no alcanza ese estado hasta los 24,5ºC.

 

Prevén la temperatura con lógica

Los principales focos de alegrías y penas son evidentes, por lo que establecer sistemas de estabilización es sencillo. La refrigeración ha de ser tu principal aliada a la hora de mantener una temperatura en el trabajo óptima, en función del momento del año y el resto de los parámetros contemplados. Y esta está condicionada por el estado de las instalaciones que dispongas.

No es necesario que seas un experto en sistemas de ventilación ni otros conceptos técnicos, pero sí que al menos manejes tres ideas básicas: refrigeración pasiva, refrigeración a baja temperatura y ventilación mecánica.

La primera hace referencia a una temperatura que oscila los 16ºC; cifra que permite que el agua no pierda rendimiento a causa de la condensación. Esto te regalará mayor eficiencia energética.

La refrigeración a baja temperatura nunca debe ser la primera opción a tener en cuenta, pero se puede contemplar como solución inevitable.

Se consigue descendiendo la temperatura del agua por debajo del punto de rocío, generando así condensación en los emisores de frío. Esto consume rendimiento, pero logra bajar el contador eficazmente.

El método más directo, sin embargo, para mantener el control de la temperatura vienen a ser los sistemas de ventilación mecánica; aquellos capaces de renovar el aire de la sala en cuestión, extrayendo el calor generado en el interior, y aprovechando la temperatura ambiente para enfriar al coste más eficiente.

 

 

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Y tú, ¿ya tienes en cuenta la temperatura como factor de tus resultados?

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