Optimizar la rentabilidad de tu negocio requiere tener en cuenta diferentes factores: la materia prima, el capital, costes fijos, totales, etc. Prácticamente la mayoría pueden estudiarse y tenerse en cuenta de forma objetiva y matemática, pero existe un agente relevante al que hay que prestar especial atención: el capital humano.

La adecuada gestión del capital humano de tu empresa será el factor diferencial respecto a cualquiera de la competencia. Las personas tenemos unas necesidades concretas a cubrir que harán que nuestra productividad mejore.

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La importancia del entorno

Indistintamente de cuál sea el lugar físico del puesto de trabajo a desarrollar (oficina, medio de transporte, local de autoservicio, etc.), es importante hacer de él un sitio lo más cómodo posible y disponer de los elementos más adecuados. Un claro ejemplo en una oficina sería disponer de sillas ergonómicas, climatización e iluminación adecuada.

Por otro lado, si hay algo que influye mucho en el entorno, es el orden. La ubicación del material de trabajo, así como la del mobiliario afecta más de lo que creemos a la productividad. Tal y como indica la filosofía milenaria Feng Shui, podemos lograr la armonía a través de la colocación adecuada de los elementos que nos rodean. No hay nada mejor que trabajar en un entorno agradable, como es lógico incrementaría la productividad.

Comunicación bidireccional

Si hay algo que resulte positivo a la hora de trabajar, esto es el flujo de la información. Comunicar impresiones y ser informado sobre las novedades de la empresa es tan importante como recibir y llevar a cabo una orden. El objetivo final de la comunicación bidireccional es fomentar las relaciones profesionales entre todos los empleados de una empresa. Tener en cuenta las sugerencias de los empleados y que estos sepan que se les escucha, logrará que todas las partes se sientan integradas y se impliquen más a la hora de trabajar.

Tipos de motivaciones: el equilibrio perfecto

El factor más determinante a la hora de estimular la productividad en un negocio siempre ha sido la motivación, pero es importante saber cómo sacar provecho de ella antes de incentivarla.

Tradicionalmente la motivación se ha dividido en dos tipos: la intrínseca y la extrínseca. Cada una de ellas se complementa con la otra, y tú como empresario, debes incentivar ambas en la medida de lo posible.

La motivación intrínseca es la que está relacionada con la superación personal y la autorrealización. En la mayoría de los casos solo depende del individuo, pero en otros se puede incentivar a través de la formación empresarial. Esto hará que tus empleados se sientan motivados al adquirir nuevos conocimientos acerca del sector al que se dediquen.

Por otro lado, la motivación extrínseca es aquella que se consigue a través de la materialización de los esfuerzos. Esta materialización no solo está asociada a la recompensa económica, sino que además se puede relacionar con reconocimientos al incremento de la productividad.

Si tienes en cuenta esta variedad de factores: comodidad, comunicación y motivación seguramente logres incentivar la productividad de tu empresa.

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