Emprender suele ir acompañado de una obsesión por lo nuevo, por innovar y marcar las diferencias con tus rivales. Hay todo tipo de estudios relacionados con la innovación, pero en algunas situaciones es necesario parar y pensar: ¿vale la pena innovar o mejor mantener lo que funciona? Por este motivo debes conocer el efecto Lindy: un concepto que se basa en una forma de pensar que invita a mirar el pasado para entender qué tiene más probabilidades de seguir funcionando en el futuro.

Qué es el efecto Lindy en los negocios

El efecto Lindy parte de una base muy sencilla: cuanto más tiempo lleva algo existiendo sin desaparecer, más probable es que siga existiendo en el futuro. No porque sea perfecto, sino porque ya ha sobrevivido a cambios, crisis, modas y errores.

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El origen del término se remonta a un artículo publicado en los 60, titulado Lindy's Law., un restaurante de Nueva York donde los comediantes de Broadway se reunían para discutir sobre el mundo del espectáculo. Los actores notaron que las obras que llevaban mucho tiempo en cartelera era más probable que continuaran durante más tiempo que las nuevas. En otras palabras: el resultado de dejar que el tiempo sea el validador de la calidad de un producto.

Este concepto se aplicó primero a libros (por ejemplo, los libros que han sido leídos durante siglos tienen una probabilidad estadística mucho mayor de seguir siendo leídos dentro de los siguientes siglos que los best sellers actuales), ideas y tecnologías, pero encaja de forma natural en el mundo empresarial. Un negocio, un modelo, un canal de venta o incluso una forma de comunicar que lleva años funcionando tiene algo a su favor: resistencia.

En los negocios, el efecto Lindy nos recuerda que no todo lo nuevo es mejor y que muchas veces lo que ya ha demostrado su valor merece más atención. Un restaurante que lleva veinte años abierto no sigue ahí por casualidad. Ha aprendido, se ha adaptado y ha encontrado una propuesta que encaja con sus clientes.

Lo mismo ocurre con estrategias de marketing, estructuras de precios o productos concretos. Si algo sigue generando ingresos después de mucho tiempo, es probable que tenga fundamentos sólidos. Esto no significa que no deba evolucionar, pero sí que parte con ventaja frente a soluciones recién nacidas.

Existen todo tipo de metodologías para agilizar procesos, mejorar tu productividad… Pero, si tu empresa funciona, ¿para qué intentar innovar de forma innecesaria cuando lo que ya está en funcionamiento cumple de sobra con las expectativas?

Por qué los emprendedores suelen ignorarlo

Uno de los grandes errores al emprender es confundir innovación con novedad. Innovar no siempre es inventar algo nuevo. Muchas veces es mejorar algo que ya existe y que ha demostrado ser útil. El problema es que lo antiguo no vende titulares, ni genera sensación de oportunidad inmediata. Parece aburrido. Y sin embargo, es lo que sostiene la mayoría de negocios rentables.

Un ejemplo reciente es el vibe coding, una tendencia que está creciendo en muchas startups y entre emprendedores. Siendo realistas, va a funcionar mucho mejor seguir apostando por métodos tradicionales (programadores con experiencia) y apoyarse en la IA.

Las redes sociales también amplifican este sesgo. Cada semana aparece una plataforma que promete ser imprescindible, o un nuevo método para vender más rápido. El miedo a quedarse atrás empuja a muchos emprendedores a cambiar constantemente de rumbo, sin dar tiempo a que nada madure. Y esto es un peligro en cualquier negocio.

Cómo aplicar el efecto Lindy en tu negocio

Aplicar el efecto Lindy no significa quedarse anclado en el pasado ni rechazar todo lo nuevo. Significa tomar decisiones con una perspectiva más amplia. Y todo empieza por analizar qué partes de tu negocio ya funcionan y desde cuándo.

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No solo en términos de ingresos, sino también de estabilidad. Tal vez llevas años consiguiendo clientes a través del boca a boca, pero lo das por hecho y no lo trabajas. Ese canal tiene un valor enorme precisamente porque ha demostrado su eficacia con el tiempo.

Lo mismo ocurre con productos o servicios que llevan más tiempo en tu catálogo. Muchas veces el foco se pone en lanzar algo nuevo, cuando lo que realmente sostiene el negocio es una oferta que ya conoce el mercado. Así que igual, en vez de lanzar cosas nuevas, te interesa revisar, mejorar y reforzar ese producto o servicio que es la estrella en tu negocio.

En el marketing, el efecto Lindy es especialmente útil. El email sigue funcionando después de décadas. El contenido bien trabajado sigue atrayendo clientes año tras año, pero ahora sabemos que la hiperpersonalización es clave para mejorar tu volumen de ventas. No estamos hablando de crear algo nuevo, sino de mejorar el email marketing.

Desde MASMOVIL NEGOCIOS esperamos que te haya resultado útil descubrir qué es el efecto Lindy y su importancia en la toma de decisiones. Si estás valorando un cambio de timón en tu negocio, piensa realmente si vale la pena: así podrás elegir el camino más adecuado para que tu empresa siga creciendo.

Y tú, ¿conocías el efecto Lindy?