El marketing ha cambiado mucho en los últimos años, con todo tipo de metodologías publicitarias de lo más efectivo. Pero hay algo que sigue igual en demasiados negocios: la obsesión por hablar más alto que el resto, el temido ruido publicitario. . El problema es que ese planteamiento mata la eficacia de muchas estrategias. En este post te contamos qué es y por qué deberías evitarlo.

Qué es el ruido publicitario en el marketing

El ruido publicitario es todo aquello que comunica mucho pero no dice nada. Son mensajes que interrumpen, que repiten lo mismo que todos, que prometen más de lo que aportan y que están pensados solo para vender, sin tener en cuenta a la persona que hay al otro lado.

performance marketing o marketing de resultados

También te puede interesar: Marketing digital vs marketing tradicional: diferencia y ventajas

Esto es intentar ofrecer más anuncios, más impactos, más publicaciones y más mensajes que nadie: un anuncio que salta en mitad de un vídeo y no tiene nada que ver contigo; un email que llega a tu bandeja con un asunto grandilocuente y dentro no hay más que prisas, descuentos y urgencia artificial. O peor: esa publicación en redes sociales llena de frases vacías que podrías haber leído en cualquier otro perfil.

El ruido publicitario suele venir acompañado de exceso, pero también tiene que ver con la falta de intención real de ayudar, informar o conectar. Se habla por hablar, y se publica por no desaparecer. Pero no es el camino a seguir.

Muchas marcas caen en este error sin darse cuenta. Creen que están haciendo marketing porque están presentes en todos los canales, porque lanzan campañas constantemente o porque repiten su mensaje una y otra vez. Pero lo que están haciendo, en realidad, es contribuir a la saturación del cliente y proyectar lo contrario: una imagen negativa.

El usuario medio está expuesto a cientos de impactos publicitarios al día. No los recuerda, tampoco los procesa y, en la mayoría de los casos, los ignora. Y si un mensaje no aporta nada nuevo, no conecta con un problema real o no está bien dirigido, se convierte automáticamente en ruido publicitario. Pero este ruido se filtra.

El ruido publicitario no es solo cosa de grandes empresas con presupuestos enormes. Un autónomo, una pequeña marca personal o una tienda local también pueden generar ruido si comunican sin estrategia, sin empatía y sin foco.

Consecuencias del ruido publicitario en tu negocio

El primer gran problema del ruido publicitario es que quema la atención, un recurso limitado. Cada vez que interrumpes sin aportar valor, estás gastando un poco de la paciencia de tu audiencia. Cuando lo haces muchas veces, esa audiencia deja de escucharte, incluso cuando tienes algo interesante que decir.

data driven marketing

También te puede interesar: Marketing ético, una metodología cada vez más de moda

Además, deteriora la percepción de marca. Si solo hablas de ti, de tus ofertas, de lo bueno que eres o de lo urgente que es comprarte, transmites una imagen egocéntrica y poco cuidada. No importa que tu producto sea bueno. Si tu forma de comunicar cansa, la gente buscará alternativas.

Otra consecuencia es la pérdida de confianza. Un consumidor suele estar muy entrenado para detectar mensajes vacíos. Sabe cuándo le están intentando vender algo sin tener en cuenta sus necesidades. Cuando percibe eso, perderá el respeto a tu marca. Y recuperar la confianza, una vez perdida, cuesta mucho más que captar una atención puntual.

El ruido también afecta a tus resultados, aunque al principio no lo parezca. Puede que una campaña agresiva genere ventas rápidas, pero a medio y largo plazo suele provocar rechazo. La gente deja de abrir tus correos, silencia tus anuncios o deja de seguirte en redes. Y entonces necesitas hacer aún más ruido para conseguir el mismo efecto, entrando en una espiral difícil de sostener.

Desde MASMOVIL NEGOCIOS esperamos haberte ayudado a la hora de comprender qué es el ruido publicitario y por qué debes evitarlo a toda costa en tus campañas de marketing para evitar un efecto contraproducente en tu marca. ¡La clave es comunicar con foco e intención!

Y tú, ¿conocías este concepto?