Probablemente te suenen los sesgos cognitivos que debes evitar para que tus proyectos lleguen a buen puerto. Hay otro concepto que no debes pasar por alto: se trata de la paradoja de la eficiencia. En este post te contamos todo lo que debes saber: qué es, por qué es tan peligrosa y cómo equilibrar trabajo y descanso.

Qué es la paradoja de la eficiencia

Seguramente habrás leído muchos artículos que hablan de la importancia de organizarte, optimizar procesos y ser más eficiente. Y es que cualquier persona que monta un negocio sueña con trabajar mejor, ganar agilidad y tener más margen para crear.

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El problema es que existe un fenómeno que juega en nuestra contra y que puede convertir esa búsqueda constante de optimización en un arma de doble filo. Se conoce como paradoja de la eficiencia, o paradoja de la productividad, y afecta más de lo que pensamos.

La paradoja de la eficiencia plantea que cuanto más eficientes nos volvemos, más trabajo acaba apareciendo. Lo que en principio iba a liberarnos termina por complicarnos la vida. Algo tan básico como reducir tiempos, automatizar procesos o mejorar nuestra forma de trabajar no siempre tiene el efecto que esperamos.

De hecho, a menudo ocurre lo contrario. Cuanto más rápido haces algo, más tareas te adjudican, o cuanto más te organizas, más huecos aparecen en tu agenda y más compromisos aceptas. En resumen: cuanto más eres capaz de hacer en menos tiempo, más presión recae sobre ti.

Un ejemplo muy habitual es el de un emprendedor que decide mejorar su flujo de trabajo para ganar horas libres. Automatiza su contabilidad, optimiza la gestión de correos, reduce reuniones y usa mejor el calendario lo que se traduce en más tiempo disponible. Pero en lugar de mantener esos espacios para descansar o pensar en la estrategia del negocio, los rellena con nuevas tareas: atiende a más clientes, abre nuevos frentes o se pone deberes.

El resultado es que vuelve a estar saturado, solo que ahora con procesos más depurados y efectivos. Es un problema de lo más común.

Por qué aparece la paradoja de la productividad

La raíz del problema está en que confundimos eficiencia con capacidad infinita. Cuando somos eficientes nos creemos capaces de abarcar más, y en vez de usar esa ventaja para equilibrar la carga, la utilizamos para seguir sumando trabajo.

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Otra versión igual de peligrosa aparece en los equipos. Si un empleado es especialmente eficiente, suele recibir más y más responsabilidades. A menudo ni siquiera se plantea si quiere ese incremento de carga. Simplemente ocurre porque es la persona que mejor resuelve, la que saca el trabajo adelante, la que siempre responde.

Pero hay que recordar que esa espiral de sobrecarga laboral termina por generar agotamiento, pérdida de motivación y sensación de estar atrapado en un ciclo que nunca se detiene. Y eso no es nada bueno en un equipo.

De ahí que la paradoja de la eficiencia sea tan peligrosa, porque se disfraza de virtud. Se presenta como una mejora, una ventaja, una señal de que lo estás haciendo bien, pero sin darte cuenta puedes acabar perjudicando a tu bienestar, a la calidad de tu trabajo y, paradójicamente, a la evolución de tu negocio.

Desde MASMOVIL NEGOCIOS esperamos haberte ayudado a comprender qué es la paradoja de la productividad. La eficiencia sin límites te convierte en una máquina que nunca para, así que estudia tu estrategia de negocio y evita esta trampa.

Y tú, ¿conocías este término?