Cuando montas un negocio, lo normal es pensar que cuanto más inviertas, más ganarás. Más empleados, más maquinaria, más presupuesto en marketing… Al principio suele funcionar así, pero llega un momento en el que ese crecimiento empieza a frenarse: los resultados no crecen al mismo ritmo que se invierte. En este post te explicamos qué es la ley de rendimientos decrecientes en una empresa para que puedas saber hasta qué punto tiene sentido seguir invirtiendo recursos en una misma dirección.

¿Qué es la ley de rendimientos decrecientes en una empresa?

La ley de rendimientos decrecientes es un principio económico que explica que, si mantienes constantes algunos factores productivos y aumentas otros, llegará un punto en el que cada unidad adicional aportará menos rendimiento que la anterior. O lo que es lo mismo: añadir más recursos no siempre significa obtener más beneficios en la misma proporción.

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Este concepto no implica que la producción total disminuya necesariamente. Lo que disminuye es el incremento adicional que aporta cada nueva unidad del factor que estás aumentando. Es un matiz importante, ya que el negocio puede seguir creciendo, pero cada vez cuesta más esfuerzo conseguir ese crecimiento.

Esta ley suele cumplirse cuando uno de los factores productivos permanece fijo. Puede ser el espacio físico, la tecnología, el modelo de negocio o incluso la capacidad de gestión del empresario. Mientras esos elementos no evolucionen, añadir más trabajo o más inversión empieza a tener un impacto cada vez menor.

En materia de equipo humano, probablemente sea lo más visible en el día a día empresarial. Contratar más personal parece la solución lógica cuando la carga de trabajo aumenta. Sin embargo, si no hay una organización clara, procesos definidos y herramientas adecuadas, cada nueva incorporación puede generar más coordinación que productividad.

Este fenómeno también explica por qué muchas empresas jóvenes crecen muy rápido al principio y luego se estancan. En las primeras fases, casi cualquier inversión genera mejoras importantes porque hay mucho margen de optimización. Pero conforme el negocio madura, exprimir más rendimiento exige cambios estructurales, no solo más recursos.

Ejemplos de ley de rendimientos decrecientes

Para entender este principio, imaginemos un equipo de ventas que, al pasar de tres a cinco comerciales, dispara las ventas. Pero cuando pasa de diez a doce, apenas nota la diferencia. O un departamento de marketing que duplica el presupuesto en publicidad digital y solo consigue un pequeño aumento de clientes.

Invierten 60 € y consiguen una tasa de conversión de 600 €; pero al invertir 600 € no consiguen los 6 000 € esperados. El motivo puede estar en que se haya saturado el mercado de ofertas y se hayan canibalizado entre sí, que se haya cansado al usuario final…

Otro ejemplo puede ser una pequeña fábrica con una maquinaria determinada que decide contratar a más personas para aumentar la producción. Al principio, cada nuevo trabajador permite producir más. La maquinaria se utiliza mejor, se organizan turnos y la productividad empieza a crecer. Pero llega un momento en el que el espacio es el mismo, las máquinas son las mismas y demasiadas personas empiezan a estorbarse entre sí. El resultado es que cada nuevo empleado aporta menos producción que el anterior.

Siguiendo estos ejemplos, tenemos por un lado que se ha aumentado el personal, pero sigue siendo la misma máquina y ya no se puede optimizar más. Y en el caso de la campaña de marketing, no se han añadido otros contenidos más que publicidad, diluyendo la esencia de la marca.

En MASMOVIL NEGOCIOS esperamos que te haya resultado útil entender qué es la ley de rendimientos decrecientes en una empresa y cómo puede influir en el crecimiento de tu negocio. Recuerda que crecer no es simplemente añadir más empleados, más productos o más horas de trabajo; también implica revisar el modelo, innovar y mejorar procesos.

Y tú, ¿ya conocías la ley de rendimientos decrecientes?