A la hora de dirigir un negocio contamos con todo tipo de metodologías que nos pueden ayudar a facilitar las operaciones diarias. Pero, si no sabes delegar, seguramente acabes haciendo todo tipo de tarea intrascendentes. Y a este mal se le llama micromanagement.

Cuando arrancas un negocio, lo normal es que lo controles todo. Es tu proyecto, tu dinero y tu reputación por lo que es totalmente razonable que no puedas descargar responsabilidades en la primera fase del proyecto. Pero a medida que el equipo crece, mantener ese nivel de control deja de ser una virtud y empieza a convertirse en un problema serio ya que puede frenar el crecimiento, desgastar al equipo y, lo que es peor, bloquearte como líder.

Qué es micromanagement en los negocios

Este es un estilo de gestión en el que el responsable supervisa en exceso el trabajo de su equipo, controla cada detalle y apenas deja margen de autonomía. No hablamos de hacer un seguimiento, que es necesario, sino de intervenir constantemente y no confiar.

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En los negocios, suele tener raíces emocionales. Miedo a que algo salga mal, dificultad para soltar el control o sensación de que "nadie hará las cosas tan bien como yo". El problema es que esa actitud transmite justo lo contrario de lo que se pretende: desconfianza.

El micromanagement tiene efectos muy negativos, ya que el equipo pierde motivación porque siente que no se confía en su capacidad. Además, se ralentizan los procesos porque todo necesita aprobación y, lo peor de todo, el líder acaba saturado, trabajando más horas de las necesarias y convencido de que sin él nada funciona.

Y hay una consecuencia menos evidente: el negocio se vuelve dependiente de una sola persona. Si todo pasa por ti, cualquier ausencia, enfermedad o saturación te convierte en cuello de botella. Y es lo peor que puedes hacer en un negocio.

Veamos un ejemplo muy típico: contratar a una persona para llevar las redes sociales de una empresa. Si cada publicación debe pasar por tres revisiones tuyas, si cambias los textos sin explicación y si decides el horario exacto de cada post, esa persona deja de aportar criterio propio.

El problema es que muchos emprendedores confunden control con responsabilidad. Creen que soltar tareas es desentenderse, pero no es así. Delegar no significa dejar de liderar sino cambiar el foco para que puedas descargarte de responsabilidades que no deberías llevar y enfocarte en lo importante.

Cómo saber delegar

La gran pregunta no es solo por qué delegar, sino cómo saber delegar funciones sin perder calidad ni control estratégico. Lo primero es entender que no todo se delega igual. No es lo mismo una tarea operativa menor que una decisión estrategia, así que prioriza tu tiempo.

Grupo de gente reunida
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Un buen ejercicio es revisar tu agenda de la última semana. ¿Cuántas de las tareas que hiciste podrían haber sido realizadas por otra persona con la formación adecuada? Si la respuesta es “muchas”, necesitas comenzar a delegar.

Delegar bien empieza por elegir a la persona adecuada, ya que debes asignar responsabilidades según las capacidades de tu equipo. Si alguien tiene talento analítico, quizá pueda encargarse de los informes mensuales; si tiene buena relación con clientes, puede asumir parte de la comunicación comercial.

Aprender cómo saber delegar funciones implica aceptar que el resultado puede no ser exactamente igual a como lo harías tú. Y eso está bien; si cumple el objetivo y mantiene la calidad, no importa que el camino sea diferente.

En MASMOVIL NEGOCIOS esperamos que te haya resultado útil descubrir el micromanagement, por qué no saber delegar puede frenar tu proyecto y cómo hacerlo de forma inteligente para impulsar el crecimiento de tu empresa.

Y tú, ¿conocías los peligros del micromanagement?